Llego y no saludo.

Me quito la chaqueta y la dejo junto al bolso. Me siento.

Espero y espero, he llegado pronto.

Me digo a mí misma que no hay porqué tener miedo o nervios, que nadie me va a comer, pero entra gente muy convencida y segura de sí misma.

Llega la hora, nos ponemos al final de la sala y nos hacen hacer un medio círculo.

Empiezan una a una a entrevistarnos. Tardan mucho, pero ellos se entretienen y no se dan cuenta.

Llegan a mí y me hago la graciosa, bueno, no me lo hice, digamos que me lo puso a huevo para hacerlo reír y me dijo de chocar los cinco. Qué tranquilidad me entra. Se ha roto el hielo.

Acaban con el resto y escojen a 8 chicas. No estoy entre ellas, pero tampoco me importa. Sé como soy y sabía que con aquellos bellezones no tenía mucho que hacer, pero no era muy lejos de donde vivo, así que fuí.

Me encontré con una chica del instituto y charlamos un poco mientras entrevistaban. Luego vi como a una chica la querían y ella no estaba muy convencida. Me acerqué a ella y le dije, entre otras cosas, que era la voz de su consciencia. Si no mereciera la pena, ni me hubiera acercado.

Pensé que venía acompañada, pero quienes la hablaban eran chicas que allí se presentaron y tan sólo una de ellas coincidía conmigo. Entre esta chica y yo, la convencimos para que diera un paso hacia delante y negociara las condiciones con él. Aceptaron ambos y ella se añadió al grupo de las ocho chicas.

Una vez, vimos que no hay más chicas a escojer, nos fuimos y los dejamos con las chicas escojidas.

Me fui a casa sin arrepentirme de haberlo provado.